Curra Berrocal: «Un yogui nunca mira al cielo para ver a Dios, porque sabe que está adentro»

Curra Berrocal es una persona peculiar, y su peculiaridad reside, precisamente, en ser una mujer de lo más normal. Cuando te aproximas a ella, cuando te habla, cuando te mira o te enseña, nada hay que parezca que lleve 32 años en contacto con el Ayurveda y el Yoga, realizando masajes, clases, cursos y formaciones, formándose ella misma en otras disciplinas, y colaborando en infinidad de proyectos solidarios.

Su contacto con la India fue por casualidad (en realidad su intención era ir a México), pero de él surgió no solo el encuentro con el maestro Peetambar, sino un giro de 360 grados que la conectó consigo misma y con la sabiduría ancestral de este país mágico.

Los orígenes: Pioneros en el sur de Europa

¿Cómo fueron tus orígenes en el Yoga y el Ayurveda?

Cuando nosotros comenzamos, hace 32 años aquí en Algeciras, que además estamos en la puntita de Europa, casi somos más africanos que europeos, pues puedes hacerte una idea. Aquello sonaba indio, por no decir a chino.

Por ejemplo, los dos primeros años daba masaje en camilla, pero decidí que tenía que ir en concordancia con lo que había aprendido, así que dejé la camilla en un lado y empecé a hacerlo en el suelo.

Cuando las personas entraban, pues imagínate, me miraban un poco raro. Aunque es verdad que siempre me tomaban como un poco rara, mírala a ella con su historia espiritual. Pero bueno, he tenido la suerte, y creo que la firme convicción, de que lo que hacía era lo correcto, así que la gente seguía las pautas.

La verdad es que he tenido la suerte durante toda mi vida, y sigo teniéndola, de sentirme bastante libre de hacer, dentro de unos cánones, lo que quiero, como quiero y cuando quiero.

Practicando Yoga
Practicando Yoga

¿Te sientes un poco una pionera en esta tierra del Campo de Gibraltar, un referente?

De todas las profesoras y profesores que hay, y hay bastantes por aquí que están formados relativamente bien, yo he sido profesora de muchos de ellos. Es decir, me siento como un poco madre. Y un poco no, he sido pionera no solo en la zona, sino en muchas otras zonas de Andalucía.

A lo mejor a veces podría decir que soy un referente para algunas personas, pero lo que importa es que el Yoga sea actualmente una herramienta maravillosa, y más en este periodo de pandemia, para aliviar el sufrimiento humano. Esa idea me encanta. Doy gracias a los dioses por que así sea.

Curra Berrocal, Yoga y Ayurveda

¿Cómo se desarrolla la formación en masaje Ayurveda que dais Carlos y tú?

La formación eran dos años, y nosotros veíamos importante que fuera todo ese tiempo. Las personas necesitan experimentar, conocer y conocerse a sí mismos dentro del Ayurveda. El Ayurveda es el arte de vivir, y para mí es muy importante todo lo que aporta, porque te da una un amplio conocimiento de cómo funciona la energía en todos los niveles. Ese macrocosmos donde yo estoy como microcosmos, y donde mis células son microcosmos dentro de mi cuerpo.

¿Cómo ves el panorama de las formaciones a día de hoy?

Pues veo que está muy desvirtuado, porque las formaciones que se hacen actualmente tanto de masaje Ayurveda como de Yoga, que en tres o seis meses ya eres profesor, a mí eso me parece una aberración y una falta de respeto a una tradición y a un conocimiento ancestral. Pero bueno, no está en mis manos el poner fin a eso. Lo que yo hago es ser coherente, o intentarlo, aunque a veces me pueda faltar a mí también la coherencia como cualquier ser humano, pero al menos ser lo más coherente posible.

¿Qué aportan el Yoga y el Ayurveda a tu vida?

Me encanta el concepto de Ayurveda como el arte de vivir. Eso es lo que me ha aportado que esta vida sea una aventura que me trae cada día nuevas oportunidades, nuevo conocimiento de mí misma, de los demás, nuevos descubrimientos, entender cómo puedo equilibrar.

Y en cuanto al yoga, para mí es ese fiel amigo que me acompaña todas las mañanas en la práctica, y que me pone mi cuerpo al cien por cien. Tengo problemillas en la espalda, y cada día me aporta esa bendición corporal.

Pero lo que más me aporta es esa conexión con lo profundo, con lo divino que hay en mí. Un yogui nunca mira al cielo para ver a Dios porque sabe que está adentro.

¿Qué sientes que aporta el masaje Ayurveda a las personas?

Yo encuentro que el masaje Ayurveda es profundamente completo, y digo profundamente cuando ya tocamos los Marmas. El masaje con Marmas es un masaje que toca el alma. Después de tantos años, de tantas personas que han pasado y de personas que siguen viniendo todavía, las personas también comprenden que el masaje Ayurveda, aparte de equilibrar los Doshas, los Dhatus y los Srotas y todo lo demás que sabemos, aporta eso.

Creo que el masaje Ayurveda debe ser utilizado de forma preventiva para conservar la salud, y yo tengo la suerte de tener a personas que así lo asumen y así vienen, y yo creo que lo que hace es una ampliación de conciencia con diferencia a otros tipos de masaje. Entonces, en ese cambio de observador o de observadora, en ese conocimiento que la persona va adquiriendo sobre sí misma, sobre su energía, hace que la vida sea mejor en todos los sentidos y sobretodo alivia el sufrimiento.

El contacto con otras realidades: India y más allá

Hace ya algunos años hicisteis un viaje a la India, que supuso un importante cambio en vosotros y el encuentro con Peetambar, con quien empezasteis las formaciones de Ayurveda. ¿Cómo fue aquello?

El viaje a India fue un regalo que nos hicieron. Nosotros queríamos ir a México, pero fíjate, la vida nos colocó en India. Fue un gran regalo que cambió nuestra vida, nuestra percepción. Dio un giro de 360 grados. No era nada. No en todos los sentidos. Nos trajo conocimiento, nos trajo prosperidad, nos trajo calma, nos trajo paz y nos trajo esa unión con la divinidad.

Curra y Peetambar en el Curso de Masaje Ayurveda

Además, cuando Peetambar venía a España se quedaba con vosotros, en vuestra casa.

Fíjate, el año pasado volvimos a la India, y le llevé una placa grabada en la cual le daba las gracias en nombre de Carlos, mío y de mis hijos. Han sido 24 años de ver a una persona meditar a las cuatro de la mañana, de hacer yoga y todas las pujas que hacíamos en casa. Imagínate que mi hija Lucía tenía 4 años cuando empezó a venir. Eso ha acompañado a mis hijos, es algo que marca.

Además de la práctica profesional, tenéis una asociación llamada Gaia Madre Tierra. ¿Puedes hablar un poco de ella?

Creamos la asociación en el año 2000, y en los inicios se centraba en el crecimiento de las personas, en organizar eventos y demás. Pero claro, es que cuando te abres a un mundo espiritual, nace la necesidad de ayudar, de ser útil para otras personas.

Viaje solidario

Hemos estado de cooperación internacional en Marruecos, en Argelia, en Cabo Verde, en Guatemala. Y aquí en esta zona, porque esta zona recibimos mucha inmigración, desde hace 15 años trabajamos mucho con el empoderamiento de la mujer. Esto no nace como una idea, sino que la vida nos condujo ahí. Igual que la vida nos llevó a India, la vida nos lleva a trabajar con mujeres, aunque no lo habíamos pensado.

En realidad, la idea de ayudar es algo que tendo desde niña, es mi energía de nacimiento. Ya desde pequeña he conectado con eso, ayudaba a los niños de la calle. Toda una historia de servicio, la cual llevó con mucha alegría y me hace sentir muy útil.

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